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La entrega energética

La entrega energética

Europa ha sido líder mundial en transición energética. Ello se debe a que la mayoría de sus Gases de Efecto Invernadero están asociados con el consumo de energía, la mayoría de origen fósil. De ahí la decisión de varios países de no generar electricidad con carbón y basarse en renovables. Dos décadas después, y sin soslayar los avances en electrificación, terminó dependiendo energéticamente de otros países (60%) y en especial del gas y el petróleo ruso.

Lo anterior, con una paradoja; prefieren consumir petróleo y gas importado en vez de consumir el propio, como si el impacto ambiental del importado fuese menor que el nacional. Parecieran limpiar su consciencia produciendo menos petróleo y gas en casa, aunque incrementen su dependencia de otros países y por ende su seguridad nacional. Una hipocresía que les empieza a salir costoso ahora que Putin les recorta el suministro.

Si un país puede ser autosuficiente en energía debe hacer lo posible por serlo; esta es la principal lección de la crisis energética de Europa. La segunda, las renovables no son suficientes para atender la demanda de energía. La tercera, el gas es clave para que las renovables existan, pues es su respaldo. La cuarta, la transición energética por urgente que sea debe ser realista pues la medicina puede ser peor que la enfermedad.

Colombia no ha sido ajena a la dependencia energética. En la década del setenta perdió la autosuficiencia en petróleo a un costo gigantesco y, para no ir lejos, estuvo a punto de un racionamiento eléctrico hace seis años por cuenta de confiar en el suministro de gas de Venezuela; gas que nunca llegó, pese a un compromiso contractual, luego de que Colombia se lo suministrara generosamente desde los campos en La Guajira.

En razón de lo anterior, Colombia debe, por razones de seguridad energética y nacional, hacer todo lo que esté a su alcance por ser autosuficientes en petróleo y gas. Para lo cual no solo es necesario que los contratos de exploración existentes sean exitosos (lo que no está garantizado) sino continuar la dinámica exploratoria, pues de lo contrario, en pocos años podría terminar como Europa dependiendo de otros en materia energética.

Lo señalado no es incompatible con los compromisos climáticos a nivel internacional, ni con reducir emisiones en los procesos productivos, impulsar otras fuentes de energía y avanzar en una movilidad sostenible, eléctrica y a gas. Tampoco lo es con producir gas y petróleo para el consumo interno y en lo posible, exportar; el mundo va a continuar necesitando durante décadas de estos como de otros combustibles y nos genera divisas.

No es incongruente, pues el país seguirá necesitando petróleo y gas, independiente de renovar más la matriz eléctrica y electrificar la energética. La transición energética debe, además ir de la mano de la económica y productiva; diversificar las exportaciones y la economía de zonas petroleras, y sustituir los ingresos fiscales, dividendos y regalías, toma tiempo, igual que reemplazar 17 millones de vehículos a base de combustible fósil.

Por eso, cruzarse de brazos en materia exploratoria, no debería ser opción. La posibilidad de perder la autosuficiencia en petróleo a mediano plazo y en especial la de gas en cuatro o cinco años, debe ser motivo de preocupación. Como debe encender todas las alarmas la perspectiva de entregarse energéticamente a Venezuela, teniendo gas por desarrollar en Colombia; un gas menos costoso y asequible, que genera regalías y empleo. No se entiende la lógica, ni siquiera desde lo ambiental. Si la lógica importa.

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Editor Guía

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